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Cuadro wabi-sabi: la belleza de la materia y de lo imperfecto

7 obras originales en esta colección.

Lienzos en tonos de tierra, donde la materia y la huella del gesto cuentan tanto como el color.

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7 obras

Qué significa wabi-sabi

El wabi-sabi es una noción japonesa difícil de traducir. Designa la belleza de lo imperfecto, lo incompleto, lo marcado por el tiempo. Un cuenco cuyo esmalte se ha corrido. Una madera que ha encanecido. Una huella de mano que se ha quedado en la materia.

Aplicado a un interior, da tonos de tierra, superficies que no buscan la perfección y el rechazo de lo demasiado liso, demasiado nuevo, demasiado regular. Es un estilo que prefiere el objeto vivido al objeto perfecto.

Por qué una pintura al óleo tiene aquí su sitio

Es el estilo que más valora un lienzo pintado a mano, y por una razón concreta: el wabi-sabi busca exactamente lo que una impresión no puede dar. El relieve de la espátula. El grosor desigual de la materia. El punto donde el pincel cargó, y aquel donde se vació.

Los lienzos reunidos aquí son aquellos en los que Régine Gardan trabajó en ocres, marrones, beis y terracotas, a menudo con espátula. Encontrará además una selección dedicada a esa técnica en nuestras pinturas a espátula, donde la materia está aún más presente.

Componer una estancia wabi-sabi alrededor de un lienzo

Este estilo no funciona con un solo elemento. Un lienzo de tonos tierra colocado en un interior lacado en blanco seguirá siendo un accidente. Necesita compañía: madera sin tratar, cerámica, lino arrugado, una luz cálida e indirecta.

En cuanto a colores, quédese en la misma familia. Los lienzos presentados aquí combinan de forma natural con los verdes apagados y los naranjas quemados, que prolongan la paleta. Evite mezclarlos con colores francos, que llevarían el conjunto a otro registro.

Formato y luz

Un lienzo wabi-sabi se mira de cerca: ahí es donde se lee la materia. Un formato medio, colgado en una pared que usted recorre, da más que un formato muy grande visto de lejos. Nuestros formatos pequeños y los formatos cuadrados convienen bien a este uso.

La luz cuenta mucho. Una luz rasante, lateral, revela el relieve de la pintura; una luz frontal y fuerte lo aplasta. Si puede, cuelgue la obra perpendicular a una ventana y no enfrente. El simulador ayuda a visualizar el emplazamiento, y la guía para colgar un cuadro da las alturas.

Dónde instalarlo

El recibidor es un lugar excelente: es la primera pared que se ve, y los tonos de tierra dan enseguida una impresión de calma. Vea nuestros lienzos para el recibidor. El dormitorio funciona también muy bien, por las mismas razones.

Los tonos wabi-sabi, uno a uno

La terracota es la más cálida y la más fácil de colocar. Templa al instante una pared blanca o gris, y combina con la madera, el cuero y el barro cocido. Es la puerta de entrada más segura si descubre ahora este estilo.

El ocre y el amarillo de tierra aportan luz sin la brutalidad de un amarillo vivo. Funcionan especialmente bien en una estancia poco expuesta, donde compensan la falta de sol directo. También los encontrará en nuestros lienzos amarillos.

El marrón y el beis son los más discretos. No crean acento, crean fondo: es la buena elección cuando la estancia ya contiene elementos fuertes, un sofá de color o una alfombra estampada.

El gris cálido, por último, es el más difícil pero el más elegante. Exige una luz de calidad para no virar a apagado. Mírelo al final del día antes de decidirse.

Una obra por estancia, no más

Es la regla que más cuenta en este estilo. El wabi-sabi se apoya en el silencio alrededor del objeto: dos lienzos en la misma pared anulan el efecto, porque se responden en lugar de dejar respirar.

Si desea varias obras en casa, repártalas en estancias distintas en vez de componer una pared galería. Esta última pertenece a otro registro, más cercano al maximalismo, que asume la acumulación y la reivindica.

El tiempo forma parte de la obra

Una pintura al óleo envejece. Se estabiliza, su materia sigue moviéndose imperceptiblemente durante años. Esa es precisamente la idea del wabi-sabi: el objeto no queda congelado el día de su compra.

Cada lienzo está firmado por la artista y se entrega con su certificado de autenticidad. Para conservarlo en buen estado, nuestra guía de cuidado explica qué hacer y, sobre todo, qué no hacer.

Obra original o reproducción: lo que cambia de verdad

Obra original (óleo sobre lienzo)Reproducción industrial
MateriaRelieve real de los pigmentos, la luz acaricia la superficie de forma distinta según la horaSuperficie plana, resultado idéntico sea cual sea la luz
UnicidadPieza única: una sola en el mundo, la suyaTirada en serie, miles de ejemplares idénticos
AutenticidadFirmada por la artista, certificado de autenticidad incluidoSin firma original ni certificado
Con el tiempoEl óleo atraviesa las generaciones y puede transmitirseSe desgasta y se sustituye como un objeto decorativo
Lo que usted poseeEl trabajo real de una artista, con su historiaUna imagen impresa bajo licencia

Preguntas frecuentes

¿Qué es el estilo wabi-sabi?

El wabi-sabi es una noción japonesa que designa la belleza de lo imperfecto, lo incompleto y lo marcado por el tiempo. Aplicado a un interior, da tonos de tierra, superficies que no buscan la perfección y el rechazo de lo demasiado liso o demasiado nuevo. Prefiere el objeto vivido al objeto perfecto.

¿Qué es el concepto de wabi-sabi?

Reúne dos ideas: wabi, la sobriedad elegida y la sencillez, y sabi, la belleza que aporta el paso del tiempo. Juntas describen una aceptación de lo efímero y de la huella. Por eso una pintura al óleo encaja tan bien: conserva el relieve del gesto y sigue moviéndose durante años.

¿Qué es la técnica wabi-sabi?

No existe una técnica pictórica wabi-sabi propiamente dicha. Lo que corresponde a ese registro es un trabajo donde la materia queda visible: espátula, capas desiguales, transparencias donde el pincel se vació. Lo contrario de una superficie uniforme y perfectamente lisa, que borraría toda huella de la mano.

¿Qué significa wabi-sabi en una persona?

Aplicado a alguien, describe una actitud: aceptar lo imperfecto en lugar de perseguir lo impecable, y valorar lo que el tiempo deja. Es la misma idea que en decoración, trasladada al carácter. En una casa se traduce en elegir objetos que envejecen bien antes que objetos que deben permanecer intactos.

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